Eventos como el del pasado sábado son los que realmente te curten como speaker. 9 horas y media de locución junto a la compañera Ohiane Martín. Gran parte del tiempo locutando de forma simultánea; en algunos momentos ella sola, porque yo necesitaba recargar energía, y en otros yo solo por la misma razón.
9 horas y media que son una auténtica locura. Porque en todo momento están pasando cosas en el pabellón. Y no en un pabellón cualquiera, sino en nada más y nada menos que el Navarra Arena. Impresionante.
Pasan cosas porque se trata de un evento híbrido, tan de moda hoy en día. La prueba consiste en recorrer unos metros corriendo hasta llegar a una posta, donde toca realizar un ejercicio concreto. Una vez completadas las repeticiones o la distancia marcada, de nuevo a correr hasta la siguiente posta. Y así sucesivamente… hasta completar las nueve estaciones más la rampa final.
Las estaciones eran estas:
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Skierg + Run
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Remo + Run
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Rope Climb + Run
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Sandbag Lunge + Run
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Burpee Broad Jump + Run
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Slam Ball Over Obstacle + Run
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Wall Ball + Run
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Stone Atlas + Run
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Box Jump Over + obstáculo (tabla irlandesa) + Run
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Rampa final… y meta (tras bajar la rampa).
Un formato exigente, explosivo y sin tregua. Corres, ejecutas, vuelves a correr.
Dependiendo de la categoría en la que te inscribías, había que realizar más o menos repeticiones. Si competías en parejas —ya fueran mixtas, masculinas o femeninas—, en las estaciones se repartían las repeticiones o los metros a cubrir. Pero si optabas por el formato individual… todo enterito te lo tenías que currar tú. Sin excusas. Sin relevos. Tú, la prueba y tu cabeza.
A las 9:00 de la mañana arrancó la competición con la primera tanda. Y aquello no paró hasta pasadas las 17:00, cuando salió la tanda número 45.
Salidas en oleadas cada 11 minutos. Y claro, entre salida y salida, los participantes estaban repartidos por las diferentes estaciones. Esos eran nuestros momentos: animar a quienes estaban compitiendo, encender al público que ocupaba parte de la grada, hacer entrevistas, saludar a conocidos, descubrir a gente nueva, buscar historias.
Participantes llegados desde lejos, los de más edad, los más jóvenes, debutantes, veteranos curtidos en mil batallas… De todo. Siempre con el mismo objetivo: que el evento no bajara ni un segundo de intensidad.
En uno de mis parones, aproveché para dar una vuelta por los stands que había repartidos por el Navarra Arena.
Allí estaban Juan Sánchez (masajista), BG Tattoos, el Centro de Endoscopia Navarra, Circus Park con sus máquinas arcade, Goxter, Jacker 3D, Protein, Karwikle, Omoda, la Asociación Española Contra el Cáncer, Red Bull y Velites.
Cada uno con sus productos, sus servicios y su energía, sumando al ambiente del evento y aportando valor a todo el que se acercaba.
Antes de cada salida, en el pedazo de marcador del Navarra Arena aparecían las fotos de los atletas de cada tanda. Solo ese momento ya generaba un subidón especial: verse en pantalla grande, sentirse protagonista.
Además, en ese mismo vídeo marcador íbamos recibiendo tiempos y clasificaciones en directo. Muchísima información al instante. Y eso, para nosotros, era oro puro: nos permitía contar lo que estaba pasando con contexto, emoción y datos, manteniendo a público y participantes completamente conectados con la competición.
La última de las tandas la vivimos con toda la emoción del mundo. Lejos de bajar el nivel de animación —ni por las horas acumuladas ni porque ya quedaba menos gente en el pabellón— seguimos empujando a todas y cada una de las parejas que iban cerrando sus estaciones.
Y el final fue por todo lo alto.
Los familiares de la última pareja se volcaron en la animación. Muchos voluntarios y voluntarias se sumaron formando un pasillo humano antes de afrontar la rampa final. Un momento precioso. De esos que ponen la piel de gallina.
Cruzaron meta entre aplausos, abrazos y esa mezcla de agotamiento y felicidad que solo se entiende cuando lo has dado todo.
Antes de la entrega de premios en las diferentes categorías, tuvimos una actuación en vivo. Weder cogió el micrófono y se marcó un espectacular “Highway to Hell” de AC/DC. Un temazo mítico que hizo vibrar el pabellón y que sirvió como antesala perfecta para el broche final del evento.
Tras los premios y la despedida, solo quedó en el Navarra Arena el equipo de desmontaje. Había que dejar todo libre. Menudo trabajazo de esta gente: montar todo en poquitas horas ya es complicado, y desmontarlo… igual de intenso.
Yo también intenté recoger mi parte rápido, porque a apenas doscientos metros, en el Sadar se estaba disputando el Osasuna–Real Madrid CF y había que salir pitando antes de que terminara el partido.
Curiosamente, el hecho de que se jugase este partido hizo que los atletas tuvieran que afrontar más cuestas por el muelle del Navarra Arena que en la primera edición, convirtiendo la competición en algo todavía más exigente.
No me queda más que dar las gracias a la organización por confiar en mí una vez más, a Ohiane por el trabajo increíble que hizo también al micro, a toda la gente que se pasó a saludarme, a Velites por vestirnos de arriba a abajo y, por supuesto, a todo el mundo que puso un gran ambiente en la prueba, ya fuera participando o animando desde las gradas. Y como no, a todo el equipo de producción que entre vídeos y fotos, nos han dejado un gran recuerdo a todos.
El próximo evento de la familia Gladiators será el 11 de abril en Artajona: la Gladiators Day. Así que, si no nos vemos antes, allí os esperamos.