Una de las citas de principios de año, una de las carreras que todavía no se conoce mucho, pero también una de las pruebas que más cariño transmite al participante. Este es el CROSS DE LISKAR, que se celebró en Liédena el pasado sábado 7 de febrero.
Por cuarta edición consecutiva, allí estuve para dinamizar el evento como speaker, y qué mejor manera de hacerlo que de la mano de la Asociación Liédena-Ledea Elkartea.
Desde la primera edición han mantenido el mismo recorrido: un trazado exigente de tres vueltas, completando un total de 6,750 kilómetros y con 270 metros de desnivel positivo, nada despreciable. A pesar de sus cuestas, tiene un gran encanto, ya que combina callejeo por el pueblo, zona de pinos, subidas por escaleras, camino ancho siguiendo el antiguo trazado del ferrocarril del Irati y, antes de la bajada por una pequeña cuesta para pasar por el centro neurálgico de la prueba, aparece la famosa cuesta de la Chocarrera, que le da ese puntillo extra de dureza al recorrido.
Aparecí pronto en Liédena. No había que madrugar mucho, puesto que la carrera se celebraba a las 12:00 del mediodía. Antes de empezar a montar, tomé un cafecito con Miguel Ángel, coordinador de todo el evento, y aprovechamos para ultimar detalles: revisar la bolsa del corredor —con la botella de vino Ledea dentro—, los dorsales, los trofeos personalizados y hacer un repaso a toda la información de la carrera.
Poco a poco empezaron a llegar voluntarios y voluntarias, y entre todos montamos la zona de salida y meta. También fueron apareciendo los participantes para retirar sus dorsales, y entre ellos muchas caras conocidas que iban a correr por primera vez el Cross Liskar. Ante las dudas que tenían, les recomendaba darse una vueltita previa por el recorrido para conocerlo bien, ya que es muy cambiante de unas zonas a otras.
Reuní a todos los corredores en la zona de salida y, a las 12 en punto, lancé la carrera con bastante público en la plaza. Una vez dada la salida, se produjo la “desbandada” de casi todo el mundo hacia unos doscientos metros de meta. Y es que… ¿Cómo nos gusta ver sufrir a los participantes, eh?
Todo el mundo se fue directo a la zona de la Chocarrera, una cuesta empinada de unos doscientos metros de longitud, en la que se ascienden aproximadamente 40–50 metros de desnivel desde el punto más bajo al más alto.
Fueron cayendo las vueltas y, como era de esperar, un intratable Ismail Edderraz fue aumentando la distancia vuelta tras vuelta respecto a sus perseguidores. Casi, casi hizo lo mismo Virginia Quellca, que se llevó la victoria en la categoría femenina.
Poco a poco, todos los corredores y corredoras fueron completando las tres vueltas con una mezcla de sufrimiento y disfrute que, tras cruzar el arco de meta, se transformaba únicamente en disfrute. Y es que les esperaba un auténtico lujazo de avituallamiento final: pintxos de txistorra, panceta, fruta, frutos secos, bebida…, un detalle digno de destacar y de tener muy en cuenta en próximas ediciones.
Para ir cerrando el evento, tuvo lugar la entrega de premios, donde una vez más hay que destacar el nivel de los galardones: trofeo personalizado en madera, caja de vino y, además, el campeón y la campeona se llevaron también un jamón y la txapela correspondiente.
Hubo también un reconocimiento especial a un conocido y amigo, que por su labor en la dinamización de eventos en la zona, por dar visibilidad a la comarca a través del deporte y por su implicación en múltiples pruebas que se celebran en Liédena, Leyre y Aibar, la organización tuvo un gran detalle con Sergio Elarre. Un momento muy emotivo que sirvió para cerrar el evento, junto con la foto de familia de todos los voluntarios y voluntarias.
La gente había disfrutado, se lo había pasado bien y estaba contenta, así que desde la organización y desde el Ayuntamiento de Liédena se agradeció la presencia de todo el mundo. A mí solo me quedó recoger todo en un boleo, con la inestimable ayuda de varios voluntarios, echar un buen rato charlando dentro de la sociedad con varias personas de la Asociación Liédena-Ledea Elkartea y, si no nos vemos antes —que espero que sí—, ya nos citamos para el 18 de octubre en la Juan Migueliz Leyre Trail. Queda mucho, pero en esta organización ya se piensa en ella.




