Como viene siendo habitual, el primer domingo de mayo tiene lugar la Xtrem Higa de Monreal y digo habitual porque, con la edición del pasado 3 de mayo, ya son dieciséis las ediciones completadas.
Con varios cambios desde sus inicios, la prueba se ha convertido en un fijo dentro del calendario de muchos corredores y corredoras, no solo navarros, sino también llegados desde otras muchas provincias.
Un año más, los 400 dorsales disponibles volvieron a agotarse, a los que hay que sumar
la participación de las categorías infantiles, ya que además de los recorridos largo y corto, también tuvimos la última jornada de la Copa de Juegos Deportivos de Navarra, impulsada por la Federación Navarra de Deportes de Montaña y Escalada.
Había muchos alicientes para disfrutar de una gran mañana de trail running, pero hay algo frente a lo que ninguna organización puede hacer absolutamente nada: el tiempo.
Otro fin de semana con los cielos completamente cubiertos y con la amenaza constante de lluvia. Incluso se llegó a temer por la posibilidad de tormenta eléctrica, algo que habría complicado muchísimo la situación, especialmente en zonas altas y expuestas del recorrido.
Finalmente, todo quedó en varios chaparrones intermitentes durante la mañana, así que, dentro de lo malo, el evento pudo desarrollarse con total normalidad y sin ninguna incidencia destacable más allá de la propia lluvia.
La previsión era pasar así toda la mañana, pendientes continuamente del cielo y de la lluvia, pero por suerte el tiempo nos dio una pequeña tregua y pudimos dejar todo listo sin mojarnos demasiado.
Eso sí, a falta de apenas veinte minutos para la salida cayó una buena tromba de agua. Solo los más valientes —o los más inconscientes— se animaron a salir del polideportivo para calentar y trotar un poco antes de la carrera, aunque regresaban completamente calados de arriba abajo.
Faltaban apenas diez minutos para las 9:30 de la mañana y por la zona de salida no había absolutamente nadie. La mayoría de corredores seguían resguardados dentro del polideportivo, esperando a que aflojara un poco la lluvia antes de salir al exterior.
Así que aprovechamos la megafonía del frontón —que posteriormente también utilizaríamos para la entrega de premios— para dar las últimas indicaciones importantes previas a la salida y, sobre todo, para recordar que apenas quedaban cinco minutos para comenzar las pruebas.
Poco a poco, los corredores y corredoras fueron abandonando el refugio del pabellón y acercándose hacia el arco de salida para tomar parte tanto en la distancia corta de 12 kilómetros y 550 metros de desnivel positivo como en la prueba larga de 22 kilómetros y 1.200 metros positivos, que finalmente pudieron comenzar puntuales y sin ningún retraso.
Tanto los corredores como yo mismo agradecimos públicamente el esfuerzo de la organización. De hecho, dedicamos un aplauso para reconocer todo el trabajo que había detrás de la prueba y, especialmente, el auténtico papelón que tenían esa mañana los voluntarios y voluntarias, sobre todo quienes iban a pasar horas en el monte soportando la lluvia y el mal tiempo.
Y así, a las 9:30 en punto, lanzamos la carrera rumbo a la conquista de la Higa de Monreal en su versión larga, ya que el recorrido corto no asciende hasta la cima, sino que rodea la montaña llegando hasta la base donde comienza la subida por las cadenas.
Cinco minutos más tarde era el turno de las categorías infantil y cadete. Dos categorías que ponían el punto final a la temporada 2025-2026 con la disputa de la quinta y última prueba del campeonato.
No son muchos los participantes que actualmente toman parte en estas categorías, pero al menos tienen su espacio, su competición y una oportunidad perfecta para seguir fomentando la cantera y motivar a otros amigos y amigas a participar en futuras ediciones.
Por delante, una distancia de cinco kilómetros que completaron prácticamente volando.
Entre unas llegadas y otras, entrevistas, charlas e información que nos iba llegando desde los diferentes puntos de control, se acercaba el momento de empezar a recibir a los corredores del recorrido corto.
Teníamos referencias de años anteriores por debajo de la hora y, una vez más, los pronósticos se cumplieron con la llegada de Ion Bermejo como vencedor de la prueba. Tras él llegaron sus compañeros de equipo Ander Azpilicueta y Jon Ridruejo, que compartieron entrada en meta en un bonito gesto entre ambos.
En categoría femenina apenas hubo un par de minutos de diferencia entre las primeras clasificadas. Oihana Arratibel se llevó la victoria, mientras que Bianka Espiga logró colarse en segunda posición entre ella y Guratz Azpiroz, que completó el podio femenino.
Todo el mundo llegaba con barro hasta arriba, pero también con una sonrisa en la cara y muy buenas palabras sobre el recorrido. Y es que el paisaje de esta carrera siempre es espectacular, pero si además le sumas un poco de lluvia, el monte adquiere unos colores y unos olores que la hacen todavía más bonita y especial.
Tras aproximadamente una hora de carrera, el vencedor de esta edición cruzó la meta: Moha Ouyart. El corredor decidió la prueba en la última bajada desde las antenas hacia la línea de meta, donde consiguió soltar a Jon Vegas, defensor del título del año pasado, que finalmente terminó en segunda posición. El tercer puesto del podio masculino fue para Josu Zarranz.
En la categoría femenina, la primera en completar el recorrido fue Izaskun Bereau, que dominó la carrera de principio a fin. La acompañaron en el podio la polivalente Virginia Quellca y Miren Goikoetxea.
La carrera cuenta con un tiempo de corte en la zona del Portillo (kilómetro 16), antes de afrontar la subida a Higalepo y posteriormente el paso de las cadenas. Este aspecto es importante tenerlo en cuenta antes de inscribirse en este exigente recorrido, ya que varios participantes se vieron obligados a completar el trazado largo sin haber superado ese punto de control dentro del tiempo establecido.
Por lo demás, en meta, como siempre, reinó el buen ambiente: risas, anécdotas, caídas y alguna que otra “culetada”. Los corredores fueron llegando entre sonrisas, esfuerzo y también completamente empapados y cubiertos de barro. Esa fue la tónica general de la jornada.
Aun así, la sensación predominante entre los participantes fue de disfrute absoluto. Y es que, si no conocéis este recorrido, es realmente espectacular para hacerlo en cualquier época del año.



























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