Tres días de fútbol, convivencia y muchas historias en la Arnedo Cup
Hay fines de semana que empiezan con un ¡Al lío! y terminan dejando mucho más de lo que esperabas. Eso es un poco lo que me llevo de estos tres días viviendo la Arnedo Cup desde dentro. Tres días rodeado de fútbol base, de chavales de 13 años con muchísimas ganas de competir, de familias, entrenadores, voluntarios y de un equipo de organización que hace que todo funcione, aunque desde fuera muchas veces no se vea todo el trabajo que hay detrás.
El viernes 11 de septiembre tocaba arrancar con la fase de grupos. El Campo Municipal de Sendero, Sede EMKA, fue uno de los escenarios principales y allí me tocaba dinamizar la jornada desde el micro, acompañando los partidos de 25 minutos que iban a decidir qué equipos pasaban a la Fase Oro y cuáles a la Fase Plata. 18 equipos, en su mayoría filiales de clubes de Primera División, y desde el primer momento ya se veía que el nivel iba a ser muy alto.
Y es que la Arnedo Cup no es solamente jugar partidos. Para estos chavales supone mucho más: tres días compartiendo vestuario, conviviendo con sus compañeros, estando concentrados con el equipo, conociendo gente nueva, compitiendo y aprendiendo también a gestionar los buenos momentos y los que no lo son tanto. Una de las cosas que más me gusta del torneo es precisamente su formato. Aquí perder un partido no significa hacer las maletas y volver a casa. Los equipos siguen jugando, siguen compitiendo y siguen teniendo objetivos. Nadie se elimina.
La segunda jornada, el sábado, se dividió en mañana y tarde. Por la mañana llegaron los cuartos, con los seis mejores equipos ya clasificados y la repesca de los dos mejores segundos. El que ganaba seguía peleando por los puestos del 1º al 4º y el que perdía pasaba a luchar por las posiciones del 5º al 8º. Al jugarse los partidos a dos partes, también tuve más oportunidades para intervenir durante los descansos, acercarme a las aficiones y montar algún que otro juego con ellas. Esos momentos fuera del terreno de juego también forman parte de lo que significa dinamizar un torneo.
Y entre partido y partido, también hubo tiempo para disfrutar de la gente que hace posible todo esto. Al mediodía tocó comida con parte de los voluntarios y un buen rato de conversación y risas en el bar. Porque después de tantas horas juntos, estos momentos más tranquilos también son los que hacen equipo y ayudan a conocer a las personas que están detrás del torneo.
Por la tarde llegó la emoción de las semifinales. Alegría en los equipos que conseguían el pase a la gran final y caras más serias en quienes tenían que conformarse con pelear por el tercer y cuarto puesto. Pero ahí está otra vez una de las claves de la Arnedo Cup: todos seguían teniendo partidos por delante. Nadie se iba para casa después de perder una eliminatoria.
Y así llegamos al domingo por la mañana, con las clasificaciones definitivas en juego. La Fase Plata se había desarrollado mediante grupos y la Fase Oro mediante eliminatorias, así que todavía quedaban por decidir muchas posiciones. Primero llegaron los partidos por el 7º y 8º puesto, el 5º y 6º y el 3º y 4º. Y después, la gran final, donde se llena la grada y todo el campo para disfrutar del partido.
Atlético de Madrid y Real Madrid llegaron al último partido del torneo y, tras un encuentro muy disputado, el Atlético se llevó la victoria por 1-0. El último pitido dio paso a uno de esos momentos que también disfruto especialmente: la entrega de premios. Todos los equipos tuvieron su momento, hicieron su pasillo y recibieron su reconocimiento por el torneo. Además, llegaron los premios individuales al mejor jugador, mejor portero y máximo goleador.
Y si hubo un aficionado que tuvo un protagonismo especial durante todo el torneo fue David Villa. Todo un campeón del mundo, de Europa, de Champions League y de varias ligas, que estuvo presente durante los tres días porque su hijo participaba en el torneo. Para mí, poder compartir momentos con él y vivir de cerca una competición como esta junto a alguien con semejante trayectoria también fue una de esas experiencias que te llevas contigo.
Desde mi sitio, desde el micrófono, he intentado disfrutarlo tanto como ellos: animar, presentar, poner un poco de ritmo cuando tocaba, acompañar los momentos importantes y, sobre todo, intentar que cada equipo y cada chaval se sintiera protagonista.
Pero si algo me llevo de estos tres días es la gente. El equipo de trabajo, los voluntarios y voluntarias, todas esas personas pendientes de que no faltara nada, de ayudar, de solucionar cualquier pequeño problema y de hacer que los que veníamos de fuera nos sintiéramos como en casa. Y eso se nota. Se nota cuando detrás de un torneo hay muchas personas trabajando con ganas y con cariño.
Fueron tres días intensos. De madrugones, muchas horas de pie, partidos, presentaciones, juegos, premios y carreras de un lado para otro, pero también de muchas risas, conversaciones, momentos compartidos y recuerdos que se quedan. Y cuando llega el último partido y empiezas a recoger aparece esa sensación de “ya está, se ha acabado”, y hasta da un poco de pena. Porque han sido tres días muy especiales.
Solo puedo dar las gracias. Gracias a la organización de la Arnedo Cup por confiar en mí y por hacerme sentir parte del torneo. Gracias a todos los equipos, entrenadores, jugadores y familias por la colaboración y por ponerlo tan fácil desde el primer momento. Y gracias, por supuesto, a todo ese equipo de voluntarios y voluntarias que muchas veces trabajan en segundo plano y que son fundamentales para que todo esto salga adelante.
Me voy de Arnedo muy contento, muy agradecido y con la sensación de haber vivido un fin de semana de esos que merece la pena guardar. Tres días de fútbol, de convivencia, de aprendizaje y de muchísimas historias. Ha sido un placer formar parte de la Arnedo Cup. Nos vemos en la próxima.



.jpg)











.jpg)


.jpeg)

.jpeg)




.jpg)












(1).jpg)

%20(1).jpg)

.jpeg)







