4 de 4, pero esta vez fue diferente.
Esta vez fue de inicio a fin. De los primeros en llegar y de los últimos en irme, con la salvedad de que los participantes tenían lunch final y yo, por horarios y por compromiso del día siguiente, no pude quedarme a rematar el día al 100% en el Rally de Regularidad de Coches Clásicos Tierra Estella.
Este rally se celebró el pasado sábado 20 de junio. Un cambio de fecha de La Media San Fermín, que pasó de celebrarse el sábado por la tarde al domingo por la mañana, me permitió poder cubrir el evento del motor completo, a diferencia de otros años en los que únicamente pude estar presente en el recibimiento, el briefing técnico y la salida desde el Camping de Aritzaleku.
Este año iba a ser diferente.
Iba a poder compartir todo el día con la familia de Guembe Classic, organizadores de la prueba, y con los participantes, ya que la jornada me permitía dar la salida en Aritzaleku, recibirles en Arróniz al mediodía para el reagrupamiento, volver a darles la salida por la tarde y, posteriormente, recibirles en la Plaza de los Fueros de Estella-Lizarra en el final de carrera.
La mañana comenzó temprano, con pocas horas de sueño, ya que venía de otro evento en Gijón y, al pillarme de paso el camping, aproveché para echar una pequeña cabezada y poder descansar algo antes de un día largo.
A las 8:30 estaban convocados los participantes para recoger el roadbook, el libro de ruta donde se marcan las directrices que deben seguir durante la prueba.
A partir de ese momento, la terraza del bar se convierte en una auténtica sala de estudios, sobre todo para los copilotos. Los pilotos parecen estar algo más tranquilos en esos momentos previos, pero la concentración de los copilotos es máxima.
A las 10:15 tocaba escuchar el briefing técnico por parte de la organización y resolver las últimas dudas antes de comenzar.
Es curioso ver toda la preparación que requiere un evento así. Desde fuera puede parecer simplemente una ruta con coches clásicos, pero detrás hay muchísimo trabajo, organización y control para que todo salga bien.
A las 10:30 di la salida al primer coche de la prueba, en esta ocasión al dorsal 0.
Un vehículo que forma parte de la organización y que circula por delante verificando que todo está correcto o avisando de cualquier incidencia que pueda surgir al resto de participantes.
Lo mismo ocurre con el siguiente vehículo, el dorsal 00, que sale cinco minutos por detrás del primero y cinco minutos por delante de la propia competición.
A las 10:45 comenzó la prueba de la Copa CORREN (Copa de Rally de Regularidad del Norte).
Uno por uno, todos los vehículos fueron pasando por la salida minuto a minuto. Tiempo suficiente para presentar al piloto y copiloto, conocer el modelo de coche, el año de matriculación y hacer alguna pequeña pregunta antes de que pusieran rumbo a la carretera.
Fue casi una hora de salidas hasta que llegó el coche escoba.
Y aquí empezaba mi novedad personal.
Hasta ahora, normalmente me quedaba en el camping: un baño, una comida espectacular y una ducha antes de volver hacia Pamplona.
Pero esta vez tocaba recoger y poner rumbo a Arróniz.
Allí monté la megafonía para recibirles en lo que se conoce como reagrupamiento.
Los participantes hacen una parada, comen algo ofrecido por la organización y retoman la marcha manteniendo el mismo orden de salida y los horarios establecidos para seguir disfrutando de las carreteras navarras durante unas cuantas horas más.
Aquí repetí las mismas presentaciones que por la mañana, pero las preguntas ya iban enfocadas a conocer cómo estaba siendo la jornada, qué sensaciones tenían y qué tal estaba transcurriendo la prueba.
Algo más de dos horas estuvimos entre llegadas y salidas de vehículos.
Después tocaba recoger todo y marchar hacia Estella-Lizarra para preparar la llegada en la Plaza de los Fueros.
Esta vez tuve algo más de tiempo y, junto a varios voluntarios, pudimos tomarnos un pequeño descanso y un refrigerio en una plaza enorme que poco a poco iba preparándose para recibir a los protagonistas.
Sobre las 20:00 comenzaron a llegar los coches.
Una plaza que se llenó de vehículos matriculados hace más de 25 años, auténticas reliquias y joyas para los amantes del motor.
Ellos seguramente lo sabrán explicar mucho mejor que yo, pero incluso para alguien que no está metido en ese mundo es imposible no quedarse mirando cada detalle.
Solo faltaba la entrega de premios de las diferentes categorías, que no eran pocas: por tramos, por equipos, categoría navarros, clase F (más de 40 años), clase G (entre 30 y 40 años) y el Scratch, la clasificación general.
Esta parte se retrasó un poco porque coincidió con un acto multitudinario en la plaza: el sorteo de vales organizado por la Asociación de Comerciantes de Estella.
Así que entre el sorteo y la llegada de los coches, la plaza estaba llena de gente y con mucho ambiente.
Alberto, organizador de la prueba, mi persona de confianza y un gran aficionado al motor y a esta carrera, fue el encargado de despedir el evento y mandar a todo el mundo al lunch post carrera.
Una parte importantísima del día donde aparecen muchas anécdotas, amistades y nuevos retos.
Esta vez no pude quedarme por allí. Había sido un día largo, con pocas horas de sueño, y al día siguiente tocaba La Media San Fermín, así que había que descansar todo lo posible.
La experiencia de poder vivir el evento entero fue espectacular.
Ojalá el calendario vuelva a cuadrar así y pueda repetir una jornada completa como esta, disfrutando desde el primer coche que sale hasta el último que llega.
Otra experiencia más detrás del micrófono. Otro mundo deportivo conocido desde dentro.
Y seguimos sumando historias y comunicando sueños.




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