jueves, 6 de noviembre de 2025

CRÓNICA HARO WINE TRAIL "DESDE EL MICRO"

Volví a Haro para una de las pruebas en las que tuve el gran honor de participar en su estreno en 2023, durante la primera edición. Aún recuerdo aquella primera conversación con Alba en otro evento, y las ganas e ilusión con las que me habló de la idea que estaban preparando. Aquellas charlas dieron fruto, y allí estuvimos en su debut.

Por cosas del calendario y algunos cambios de fecha, el año pasado no pude cuadrar para estar acompañando a esta magnífica organización. Sin embargo, para esta tercera cita, conseguí ajustar agendas y volver a disfrutar juntos de la experiencia.

Fue el pasado sábado, 1 de noviembre, cuando se celebró la III Edición de la Haro Wine Trail. Lo repetí hasta la saciedad: esto no era solo un evento, era una experiencia. Y es que organizar tres días repletos de actividades en torno a la carrera dice mucho del trabajo y la ambición del Club de Montaña Toloño, el Ayuntamiento de Haro, el Ayuntamiento de Villalba de Rioja, el club Haro Tryners, y de los muchos patrocinadores y colaboradores que hacen posible esta prueba.

La experiencia de la Haro Wine Trail comenzó el viernes por la tarde con la celebración de la Hallo Wine Trail, una carrera sencilla y solidaria a beneficio de Asprodema Rioja, la Asociación Promotora de Personas con Discapacidad Intelectual Adultas.

El sábado por la mañana tuvo lugar la carrera principal, con tres distancias. En esa misma jornada se celebraron también las pruebas infantiles, donde los peques pudieron diseñar su propio dorsal, además de disfrutar de los hinchables.

Durante la carrera, en la zona de meta se ofreció una degustación de panceta, y ya por la tarde la fiesta continuó con cata de vinos, la charanga Wesykes y Zeus Ochoa DJ.

El domingo puso el broche final con el Tour Jarrero y el Mercadillo Haromas, completando así un fin de semana lleno de deporte, solidaridad y buen ambiente.


Llegué a Haro sobre las siete de la mañana, justo cuando más llovía. Una pena que, después de tantos meses de preparación, la lluvia hiciera su aparición. Pero como frente a eso poco o nada se puede hacer, intenté darle la vuelta a la tortilla y animar a todas las personas que ya estaban por allí a esas horas. ¡Y venga, al lío! Que teníamos por delante una bonita mañana llena de energía y ganas.

Dejé preparada parte de la megafonía, ya que en esta carrera la salida y la meta no se encuentran en el mismo lugar. Tocaba repartir altavoces y dejarlo todo listo para que, cuando llegara de dar la salida, todo estuviese preparado en la Plaza de la Paza de Haro. Una vez lo tuve todo controlado, me desplacé unos cinco kilómetros hasta la localidad vecina de Villalba de Rioja, donde debía dar las salidas.

Una localidad, la de Villalba de Rioja, con apenas 170 habitantes según el INE en 2024, pero que ese día se puso en el mapa con más de 700 participantes con dorsal y muchas otras personas que, sin duda, estuvieron pendientes de la carrera.

Villalba de Rioja tomó el relevo de San Felices, un lugar precioso que acogió la salida de las dos primeras ediciones, pero mucho más complejo logísticamente para la organización a la hora de preparar el inicio de la prueba.

Antes de las nueve, cuando empecé con la animación, ya me había tomado un café en un bar cercano a la salida y había charlado con varios conocidos y conocidas. La mayoría de las personas que se encontraban por allí a esas horas iban a tomar la salida a las 9:30, para enfrentarse a los 26 kilómetros y 1.050 metros de desnivel positivo de la prueba denominada “Reserva”.

Más tarde, a las 9:50, di la salida a la marcha, una prueba de 15 kilómetros y 450 metros de desnivel positivo, denominada “Tempranillo”. Y ya, la última de las salidas, que lancé a las 10:30, fue la del “Crianza”, con sus 17 kilómetros y 600 metros de desnivel positivo.





Las salidas estuvieron llenas de ambiente. Os podéis imaginar lo que es dar la salida a 200 personas en las dos primeras pruebas y a 300 en la última. Desde la organización lo tenían claro: querían repetir una arenga motivacional para terminar de “enchufar” a los y las participantes y que salieran a tope.

Una vez con todo el mundo en el monte, que no se si a la conquista de Haro Wine Trail o a la búsqueda del vino de los avituallamientos o el almuerzo riojano a mitad de camino, a mí me tocaba correr de nuevo hacia la meta, ya que no había mucho tiempo material. Por eso, muy agradecido a todas las personas que me ayudaron a recoger rápidamente todo lo que habíamos montado para la salida.

Ya ubicado en la zona de meta, y con las tres pruebas recorriendo las sendas y caminos de los montes Obarenes, tocaba dar inicio a las pruebas infantiles y esperar las noticias de la organización, que informaban de que los primeros clasificados se encontraban ya cercanos a la meta

Fueron unas dos horas y quince minutos aproximadamente de llegadas a meta. ¡Una locura total y diversión a tope! Había muchísimo que narrar, contar y comunicar.

Además de la carrera en sí, la Haro Wine Trail forma parte del circuito de carreras por montaña La Rioja Mountain Race, un circuito que une 12 localidades riojanas en una atractiva liga y tres copas: invierno, primavera y otoño. Pues bien, la prueba de Haro fue el final de la Copa de Otoño y, además, el colofón de toda la liga.

A todo esto hay que sumarle las muchas anécdotas, historias, retos personales, debuts y un sinfín de sueños cumplidos que hubo que contar. Así que, como os podéis imaginar, estuve de lo más entretenido.







Durante las llegadas, como ya hemos comentado, hubo degustación de panceta, varios sorteos entre los participantes y actividades para los más peques, que pudieron pintar mochilas a su gusto. Además, la zona de meta contaba con varios stands informativos de diferentes patrocinadores y colaboradores, que dieron aún más vida al ambiente.

Entregamos los premios, tanto de la carrera como de la Copa de Otoño, y despedimos el evento con una gran foto de familia junto al grupo de organizadores y voluntarios. Después, nos marchamos a comer, como no podía ser de otra manera, con esta gran familia.

Nos esperaban unos deliciosos caparrones y albóndigas, preparados con todo el cariño por más voluntarios, por y para ellos. Hubo también postre, café y, cómo no, más sorteos, donde tuve la suerte de que me tocase algo.


En algún momento había que poner punto y final al día. Estaba muy a gusto, y todavía quedaban más actos por disfrutar. Me emocionó Daniel con unas bonitas palabras y, antes de marcharme, recogí una gran bolsa del corredor —que, quienes participasteis, ya sabéis lo completa que era: camiseta, vino, queso, fruta, bebida, yogur, barrita, avena, caldo…—.

Tras una foto final y un agradecimiento sincero a la organización, tuve que despedirme y dejarles allí, continuando con su gran fiesta de la Haro Wine Trail.





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