Unas semanas de locura, siete historias pendientes y muchas ganas de contarlas
Llevo unas semanas con el blog más parado de lo que me gustaría. No porque hayan faltado carreras, kilómetros o historias, precisamente todo lo contrario. Julio y agosto han venido cargados de eventos y, mientras yo seguía acumulando experiencias, las crónicas se iban quedando en el cajón de mi mente.
Así que he decidido no correr para recuperar el tiempo perdido, porque lo importante no es publicar por publicar, sino contar aquello que realmente merece la pena.
Y es que si miro hacia atrás, en apenas unas semanas han pasado muchas cosas. Desde poner voz a una pantalla gigante en Tudela para vivir una final del mundo de fútbol entre España y Argentina, hasta pasar un fin de semana completo en Calahorra locutando un Campeonato de España de Duatlón Cros, Triatlón Cros y Acuatlón.
Después llegó la Carrera del Encierro de Estella, una nueva experiencia en una prueba con ese ambiente tan especial que tienen las fiestas de la ciudad. Y casi sin tiempo para coger aire, viaje hasta Duruelo de la Sierra para poner voz a la BTT Sendas del Duero, mientras en mi cabeza ya estaba todo lo que tenía que preparar para el evento del año para mí: Pilón Trail Acofalces.
El 1 de agosto fue de esos días que cuesta explicar con pocas palabras. Por la mañana, kilómetros de coche y speaker en la BTT Sendas del Duero. Y por la tarde, de vuelta a Falces para Pilón Trail Txikis, las carreras infantiles que sirven de antesala a la gran cita del día siguiente.
Porque el 2 de agosto llegó el Pilón Trail Acofalces. Una prueba que, más allá de ponerme delante del micrófono, supone muchas semanas de preparación, marcaje, coordinación, organización, contenidos, análisis posterior, fotografías, clasificaciones y un largo etcétera que hace que este evento se viva de una manera muy diferente.
Y cuando parecía que el calendario daba un pequeño respiro, llegó Murchante. El 9 de agosto tuve la oportunidad de estrenarme como speaker en el Cross de la Asunción, en su 30.ª edición, descubriendo otra carrera, otra organización y otra manera de vivir el atletismo.
Siete eventos. Siete historias diferentes. Muchas horas de carretera, muchas horas de micrófono, muchas conversaciones, muchas personas conocidas y otras muchas que aparecieron por primera vez en el camino.
Esta crónica llega con unas semanas de retraso, pero hay experiencias que no caducan.
Así que toca ponerse al día. Sin prisas, pero sin pausa.
Julio arrancó fuerte, con la Selección Española, Tudela y una pantalla gigante en la Plaza de los Fueros. La oportunidad de dinamizar toda una final del Mundial de Fútbol fue de esas experiencias que sabes que vas a recordar durante mucho tiempo. Vivir la previa, ver cómo poco a poco se llenaba la plaza, intervenir durante los descansos y las pausas y, sobre todo, poder poner voz al momento posterior al pitido final, con España proclamándose campeona del mundo y levantando la copa, fue simplemente espectacular. Instantes para coleccionar.
El fin de semana siguiente llegó otra gran experiencia, que además repetía por segundo año consecutivo y compartiendo trabajo con un maestro y gran speaker de la Federación Española de Triatlón, Ángel Fernández.
Me desplazé hasta Calahorra para vivir un intenso fin de semana de campeonatos de España. El sábado por la mañana comenzamos con el Campeonato de España de Duatlón en el Parque del Cidacos. Por la tarde tocó desplazarse hasta el embalse del Perdiguero para poner voz al Campeonato de España de Acuatlón, donde el fuerte viento complicó el desarrollo inicial de la prueba.
Y el domingo por la mañana llegó el turno del Campeonato de España de Triatlón Cros. De nuevo, me tocó dinamizar la zona del embalse, con el primer sector de natación y la transición de natación a bicicleta. Aún me dio tiempo, después de la última salida, a regresar al Parque del Cidacos para disfrutar de las últimas llegadas, la ceremonia de premios y la despedida final.
La siguiente semana ya sabía que iba a ser una locura. Y lo fue.
Entre semana tocó una carrera mucho más sencilla, pero también con mucho ambiente: la Carrera del Encierro de Estella. Mil metros por el recorrido del encierro, con dos salidas, una competitiva y otra mucho más popular, en la que se mezclan niños, adultos, familias, carritos, amigos y todo aquel que quiere disfrutar de una carrera diferente. Después, hinchables para los más pequeños y entrega de premios.
Y entonces llegó el fin de semana del 1 y 2 de agosto.
Organizar una carrera requiere mucho, muchísimo tiempo. Por suerte somos mucha gente dispuesta a ayudar y colaborar y repartir las tareas hace que todo sea mucho más llevadero. Pero, aun llevando ya 12 ediciones de Pilón Trail, cada año es como si empezáramos de nuevo. Las últimas tareas siempre aparecen, los detalles que hay que cerrar siguen siendo muchos y hay que intentar dejarlo todo bien atado.
Semana de campo, de marcaje, de revisar monte y recorridos, pero también de oficina: cerrar inscripciones, publicaciones, correos, recepción de detalles, trofeos, bolsas del corredor...
Y todo ello sabiendo que el sábado por la mañana tenía por delante un viaje exprés hasta Duruelo de la Sierra, en Soria, para volver a poner voz, por segundo año consecutivo, a la BTT Sendas del Duero.
Dos recorridos, 50 kilómetros y 1.500 metros positivos en la distancia larga y 25 kilómetros y 450 metros positivos en la corta, recorriendo sendas y pistas en las faldas de la Sierra de Urbión, donde nace el Duero.
Una carrera espectacular, como pude comprobar después hablando con los propios participantes, y que además tuvo un momento especialmente emotivo con la presencia de gran parte del equipo del C.D. Akerbeltz, compañeros de nuestro amigo David, fallecido recientemente mientras disputaba una prueba de BTT en una localidad de Burgos.
Nada más terminar, viaje de vuelta y regreso a Falces.
Y allí ya estaban preparadas las 425 bolsas del corredor. Récord de inscripciones para Pilón Trail.
Todavía quedaba preparar en la base del Pilón la megafonía, el arco de salida y llegada y toda la zona de inscripciones porque a las 19:30 comenzaban las carreras infantiles por la Cuesta del Pilón, el encierro de vacas bravas más famoso de Navarra y, seguramente, uno de los más conocidos de España.
Una tarde espectacular que terminamos con el encierro de carretones por la misma cuesta.
Tocaba descansar porque al día siguiente llegaba el evento del año para mí.
Pilón Trail Acofalces no es una carrera más en mi calendario. Aquí compagino desde hace años la coordinación del evento con las labores de speaker, compartiendo micrófono y responsabilidades con otro amigo y compañero, Carlos Ongay. Él se encarga principalmente de las salidas y llegadas en la Plaza de los Fueros y yo de la dinamización en la base del Pilón, por donde los corredores pasan varias veces.
A las 5:30 de la mañana ya estaba por el monte revisando marcajes. Mi primo Asier, que este año se ha pegado una currada enorme, estaba haciendo lo propio por otras zonas del recorrido.
Parece que hay tiempo de sobra, pero en nada ya son las 7:00 y estamos en la Plaza con los primeros voluntarios preparando la zona de salida y llegada. Mi megafonía ya estaba montada, así que podía centrarme en revisar las últimas cosas.
A las 8:00, reunión de voluntarios. Todos conocen sus ubicaciones y funciones, pero hay que revisar que todo el mundo esté en su sitio y comprobar si hace falta algún cambio de última hora.
Saludos, fotos, nervios y, a las 9:00, arrancamos.
Primero la distancia larga, 16 kilómetros y 650 metros positivos. A las 9:10, la corta, con 9 kilómetros y 350 metros. Y a las 9:20, la marcha no competitiva de 6 kilómetros y 150 metros positivos.
Todo se desarrolló con normalidad. Sin percances y con un ambientazo durante la carrera y también después, en la piscina, donde muchos participantes y acompañantes se quedan a pasar el día gracias al pase incluido en la bolsa del corredor.
Pero Pilón Trail no termina cuando cruza la meta el último participante.
Los días posteriores también son de mucho trabajo: desmarcaje, recoger y ordenar todo para el año siguiente, atender el feedback y las sugerencias, reuniones de cierre, generar contenido, mandar correos...
Trabajo que no se ve, pero que también forma parte de una carrera.
Y, personalmente, es un trabajo que me ilusiona porque sé que, después de todo, he podido aportar mi granito de arena a una prueba y a un pueblo al que tengo muchísimo cariño.
Más de 80 voluntarios y voluntarias, más de 110 participantes del pueblo y 425 inscritos. Más que contentos.
Y todavía quedaba rematar la semana.
El domingo 9 de agosto llegó una nueva prueba a mi calendario: la 30.ª edición del Cross Virgen de la Asunción de Murchante, perteneciente al Circuito de Carreras Populares Mancomunidad Deportiva Navarra Sur.
Más de 500 participantes entre las pruebas infantiles y la absoluta, un recorrido de poco menos de 5 kilómetros, inscripciones gratuitas, tres vueltas y, por tanto, una locución muy dinámica y en la que prácticamente no hay tiempo para despistarse.
Y, además, más de 2.000 euros en premios en metálico.
Así que el nivel estaba asegurado.
Como podéis imaginar, han sido unas semanas ajetreadas. Semanas en las que he dejado el blog un poquito de lado para dar prioridad al trabajo, a la organización, a los viajes y, sobre todo, a disfrutar de cada evento.
Ahora toca cambiar el chip y disfrutar de un fin de semana diferente: el chupinazo de Falces.
Algún evento al que renunciaré para poder disfrutar también de las fiestas de mi pueblo, pero sin abandonar el micro.
Martes, concurso de arrimar el ajo. Miércoles, presentación del festival del Día del Muete. Jueves, campeonato de sokatira.
Y para el segundo fin de semana de fiestas, volvemos a salir de casa: sábado, competición híbrida en Labastida, Álava, y domingo, Juegos Deportivos de Navarra de ciclismo en ruta, categoría cadete, en Andosilla.
Así que sí.
El blog llevaba unas semanas parado.
Yo, desde luego, no.
Al lío.




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