El pasado domingo, 29 de marzo, se celebró en Estella la novena edición del duatlón Estella-Lizarra, una cita ya fija para muchos duatletas y que reúne a un centenar de participantes en su categoría absoluta, además de todas las categorías infantiles de los Juegos Deportivos de Navarra.
Para mí era el segundo año consecutivo en el que ponía voz al evento. Un evento que tiene su centro neurálgico en la emblemática Plaza de los Fueros de Estella, donde se realizaron la salida, la llegada y la siempre vistosa zona de transiciones.
La mañana no apuntaba a ser muy tranquila en lo climatológico. Teníamos que estar pendientes de la lluvia y del viento, que iba a soplar durante toda la jornada, y afrontar la situación de la mejor manera posible, ya que las aplicaciones de hoy en día pronosticaban bastante agua y viento.
A primerísima hora de la mañana me presenté en la céntrica plaza de la capital del Ega, y lo bueno de repetir evento es que ya sabía dónde y cómo montar mi equipo de megafonía. Así que, nada más llegar y saludar a la gente de la organización, tocó empezar a tirar cable para dejar todo listo de cara al evento.
A las 9:30 de la mañana comenzaron los Juegos Deportivos de Navarra con los duatletas más pequeños de la comunidad foral: benjamín, alevín, infantil, cadete y juvenil. Todas las categorías compitieron con distancias adaptadas a su edad, en unas carreras muy emocionantes y pasadas por agua. Una pena, pero frente al tiempo poco o nada se pudo hacer.
A las 12 del mediodía estaba programada la salida absoluta: 5 kilómetros de carrera a pie por el Paseo de la Inmaculada, 22,5 kilómetros de bicicleta de carretera con la exigente subida al puerto de Igúzquiza y, finalmente, 2,5 kilómetros de carrera a pie, de nuevo por el Paseo de la Inmaculada.
Desde nuestra posición pudimos observar los primeros compases y las vueltas intermedias que se daban en las cercanías de la plaza, lo que nos permitió narrar con detalle cómo se desarrollaba la primera parte del duatlón de Estella. Una primera parte marcada por la igualdad entre los duatletas, que llegaron a la transición 1 seis participantes apenas separados por 10 segundos. Igualdad máxima en la categoría masculina y pocas diferencias también en la femenina, donde Ángela Iglesias, debutante en duatlón esta temporada, aventajaba por unos metros a la ganadora del año pasado, la vizcaína Eider Muñoz.
Cuando todos los duatletas se encontraban en el segundo sector, se produjo la anécdota de la mañana. Una volandera de aire de apenas 10 segundos tiró varias vallas de seguridad y movió todas las cajas del material de la transición, arrastrando zapatillas, mezclándolas y descolocándolas del lugar donde los duatletas las habían dejado preparadas. Os podéis imaginar el caos que iba a suponer cuando los participantes llegaran a la transición 2 y nadie tuviera su material en su sitio, además de estar totalmente ajenos a lo que había ocurrido.
Rápidamente, se me ocurrió llamar a familiares, amigos y compañeros de club para que revisaran el material, nos enseñaran fotos y/o vídeos de los participantes y, junto al listado de duatletas, poder recolocar todo en su sitio. No se pudo hacer al 100 %, pero sí en la gran mayoría de los casos, así que se salvó la situación de la mejor manera posible.
Llegaron los duatletas del tramo de bicicleta y se mantenía la igualdad en cabeza de carrera, esta vez con Eneko Izaguirre y Javier Magaña, seguidos muy de cerca por Iñigo Lasarte y Víctor Etxeberría. Realizaron una buena transición —menos mal que todos tenían ya sus zapatillas— y se lanzaron a por los últimos 2,5 kilómetros del tercer sector.
Recordé al público que sujetaba las vallas, ya con el solecito pegándonos de lleno, cómo había sido la llegada del año anterior: Javier Magaña destacado y un sprint con “photofinish” para el 2º, 3º y 4º puesto, con caída y voltereta incluida en meta.
Pues bien, narrando el final de la 9ª edición del duatlón de Estella-Lizarra, vi a lo lejos aparecer a Eneko Izaguirre y Javier Magaña jugándose un tremendo sprint en la recta final de la prueba. No hizo falta photofinish, pero ambos marcaron el mismo tiempo en meta, llevándose la victoria Eneko por apenas centímetros.
La carrera femenina estuvo dominada por Ángela Iglesias, quien, a medida que avanzaba la prueba, fue aumentando cada vez más la distancia respecto a su perseguidora.
Se pudo salvar la mañana a pesar de los contratiempos meteorológicos, y todo se desarrolló con normalidad, exceptuando las primeras lluvias de la jornada. Solo quedaba entregar los premios a los duatletas más destacados en todas las categorías y poner punto final a una nueva edición del duatlón de Estella. Además de las categorías masculina y femenina, la prueba también contó con la modalidad de relevos, una opción para aquellas personas que no quieran completar el duatlón entero y se reparten los sectores, generalmente entre parejas, modalidad que cada vez vemos más en este tipo de pruebas.
Para terminar el día, acepté una gran invitación de un conocido, un amigo y compañero que, fin de semana tras fin de semana, se coloca un dorsal en varias carreras. Iván Urman me escribió unos días antes para invitarme a comer en su sociedad. Acepté gustosamente, ya que, como suele ser habitual, conozco a mucha gente en las pruebas, pero las conversaciones suelen quedarse en un pequeño saludo rápido: cada cual a su lado, yo a trabajar y ellos a calentar o a ducharse.
Por eso me hizo mucha ilusión esa propuesta. Más que la comida, lo que realmente valoré fue el hecho de que quisiera compartir un rato conmigo y ofrecerme su tiempo de manera tranquila. Eso fue lo que más aprecié de la invitación.







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