martes, 26 de mayo de 2026

CRÓNICA OLIMPIADAS VALLE DEL ARAGÓN MURILLO "DESDE EL MICRO"

Pocos eventos habrá en Navarra que puedan decir que se han celebrado durante 52 ediciones. Y ya no solo deportivos, me atrevería a decir que de cualquier otro ámbito.

52 ediciones en las que, año tras año, la responsabilidad de organizar el evento recae en un centro escolar, en este caso del Valle del Aragón, en Navarra. Un valle formado por las localidades de Caparroso, Carcastillo, Figarol, Mélida, Murillo el Fruto, Rada y Santacara.

Este año le tocaba organizarlo al CPEIP Raimundo Lanas de Murillo el Fruto y, gracias a la puerta que se me abrió en Carcastillo durante el 50 aniversario, junto con la continuidad del año pasado en Caparroso, este año también el centro de Murillo contactó conmigo para formar parte de la jornada.


Una jornada que se celebró el pasado viernes 22 de mayo en el Campo de Fútbol de La Cantera, donde juega el Club Deportivo Murillo. Allí se marcó sobre el terreno de juego una pista de atletismo improvisada para las pruebas de velocidad, relevos y fondo, además de habilitar tres zonas diferentes para salto de altura, salto de longitud y lanzamiento de peso.

Las Olimpiadas Escolares comenzaron pronto con el ya protocolario desfile de los seis centros escolares participantes. Son seis centros y siete localidades, ya que el alumnado de Figarol estudia desde hace unos años y, en este caso, también compite junto al centro de Carcastillo.

Un desfile centro por centro, con los alumnos y alumnas de Primaria, desde 1.º hasta 6.º, acompañado de la ya clásica foto de familia de cada colegio junto al profesorado, delante de las banderas de todas las localidades participantes. Y todo ello rodeado de unas vallas llenas de familiares que no querían perderse la cita y que, muchos de ellos, saben perfectamente lo que significa formar parte de la historia de las Olimpiadas del Valle del Aragón.

Para cerrar la ceremonia de inauguración tuvimos una jota preciosa, de esas que emocionan de verdad y que pusieron los pelos de punta a más de uno y de una. A mí, sinceramente, no sé qué tendrá la jota, pero cada vez que la escucho me emociona. Y en este caso, durante la prueba de sonido antes de que llegaran las familias y el alumnado, ya me hizo saltar más de una lágrima.

Pasados los nervios del desfile y de la puesta en escena, tocaba empezar con la competición en sí. Una competición en la que el mayor espíritu y el principal objetivo es la convivencia entre alumnado y profesorado, dando muchísimo valor a la participación escolar. Pero no vamos a negarlo: también son pruebas muy competitivas.

Los alumnos y alumnas que participan —porque no lo hace todo el mundo— se esfuerzan al máximo. Primero en sus propios colegios, para ganarse el derecho a representar a su centro, y después el mismo día de la competición, intentando dejar a su cole en el puesto más alto posible.

Las primeras pruebas fueron las de velocidad, comenzando por la categoría principiantes, con una recta de 40 metros. Después llegó el turno de benjamines y, seguidamente, alevines, con distancias ya de 60 metros lisos. Un participante por colegio en cada una de las categorías, tanto en masculino como en femenino.

Seguidamente se disputaron las pruebas de relevos, que siempre son muy vistosas por la alternancia que puede haber en las posiciones dependiendo de la estrategia de cada equipo. Más rápidos al principio para coger ventaja, en medio o al final para remontar… cada colegio juega sus cartas.

La prueba consistía en un 4x60 metros en cada categoría, disputado a una velocidad altísima y con la dificultad añadida de realizar correctamente el pase del testigo. Un momento de máxima concentración para evitar que se cayera y, sobre todo, para hacer una entrega rápida y limpia que no hiciera perder segundos al equipo.

Debido a las altas temperaturas, la prueba de resistencia —que consiste en dar vueltas a la pista según la edad: una para principiantes, dos para benjamines y tres para alevines— se adelantó este año antes de la entrega de medallas de la primera parte y del parón para almorzar.

Y es que esta es una de las pruebas en las que sí participa la gran mayoría del alumnado, así que había que intentar disputarla en las mejores condiciones posibles.

Aquí había de todo: gente muy preparada y caras muy conocidas porque coincidimos en otros eventos, junto a alumnos y alumnas que hicieron un gran esfuerzo simplemente por completar la distancia que les correspondía. Pero bueno, la gran mayoría consiguió terminar el recorrido y, desde luego, se ganaron el almuerzo con creces.

Siguió un acto protocolario de entrega de medallas para las primeras pruebas disputadas y un descanso más que merecido, sobre todo para que los peques pudieran resguardarse un poco en la sombra.



Los horarios se iban cumpliendo y, cuando íbamos a retomar la competición con las pruebas simultáneas de salto de longitud para todas las edades, salto de altura para benjamines y alevines y lanzamiento de peso únicamente para alevines, me avisaron de que iban a conectar un aspersor para que los niños y niñas pudieran refrescarse un poco.

Y aquello fue una auténtica fiesta. Y, sinceramente, una idea muy acertada.

Locutar esta parte ya resultaba más complicado, porque no podíamos estar pendientes de todo a la vez, más aún cuando la prueba de longitud nos quedaba bastante alejada del micro. Eso no impidió que nos acordáramos de quienes estaban compitiendo allí y que les nombráramos varias veces durante la mañana.

Las pruebas de peso y salto de altura sí pude seguirlas más de cerca e, incluso, vivimos momentos de animación como en las grandes citas olímpicas, con petición de aplausos, ánimos e incluso silencios para no desconcentrar a los participantes.

Tras finalizar la última prueba, tocaba de nuevo el protocolo de entrega de medallas de las pruebas simultáneas y del fondo, con representantes de los centros escolares y también con la presencia de alcaldes y alcaldesas de las localidades participantes.



Uno de los momentos más bonitos, y también cargado de responsabilidad para mantener vivo el espíritu y la llama de estas Olimpiadas, es el paso de la bandera olímpica del centro anfitrión al siguiente centro organizador.

En este caso, la bandera pasó de Murillo el Fruto a Santacara, concretamente al CPEIP Nuestra Señora de la Asunción, que será el encargado de organizar las próximas Olimpiadas, así que seguro que ya estarán pensando en cómo preparar el evento del año que viene.

Algún contacto previo ya tuve con los responsables de la organización y espero que no me tengan en cuenta que mi apretada agenda y el no poder estar este año en la Gladius Race sirvan de excusa para dejarme sin disfrutar de la 53.ª edición de este bonito día escolar, educativo y deportivo.

Tras la foto de familia con el centro anfitrión y enormemente agradecido por la confianza, pero sobre todo por permitirme formar parte de este evento, tocó recoger y marcharnos a tomar un traguico antes de volver a casa para seguir preparando mis siguientes citas.

Agradecí mucho la invitación a la comida posterior al evento, pero las obligaciones de la tarde eran otras: preparar documentación para los siguientes eventos del fin de semana y acudir a la audición de uno de mis peques.

Así que, con una cañica junto al profesorado, despedimos el evento y ojalá nos volvamos a ver en las LIII Olimpiadas Escolares Valle del Aragón, esta vez en Santacara.



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