Muy prontito me presenté en la plaza de Andosilla, con tiempo suficiente para preparar todo con tranquilidad y sin prisas. Enseguida fueron apareciendo integrantes del club para poner en marcha todos los preparativos: las vallas, el arco, los photocalls, el podio… Poco a poco, la plaza iba transformándose y adquiriendo ese aspecto tan característico de los días de carrera.
¡Y cómo cambia la cosa cuando empieza a vestirse de deporte!
Como iba tan bien de tiempo, hasta me dio para tomarme un pintxo y un café antes de encender el micrófono. Me acoplé al comité de jueces de la Federación Navarra de Atletismo y allí estuvimos un rato charlando y compartiendo desayuno. Que también hay que cuidar esos pequeños momentos antes de que empiece el trabajo.
A las 10:15 de la mañana arrancaban las pruebas infantiles, que un año más estuvieron muy pobladas. Ya desde la previa se respiraba un ambientazo, y es que contar con cerca de 250-300 participantes entre las categorías infantiles da muchísimo color y animación a una mañana como esta.
Desde los más pequeños hasta los cadetes, las carreras se fueron sucediendo una tras otra por recorridos cercanos a la plaza. Una ubicación que nos permitía seguir muy bien el desarrollo de las pruebas, especialmente en aquellas en las que los participantes tenían que completar varias vueltas al mismo circuito.
Mientras tanto, tocaba estar pendiente de cada carrera, animar a los chavales y, por supuesto, saludar a todos esos participantes de la prueba absoluta que ya recogían su bolsa del corredor y comenzaban a calentar.
Y es que esta cita tenía un aliciente añadido: era la undécima prueba del Circuito de Carreras Populares Ramón Óptica. Por eso, entre los inscritos había un montón de caras conocidas. Eso sí, a muchos no los veía desde la carrera de Cascante, allá por mayo. ¡Parece que fue ayer y ya habían pasado cinco meses!
Terminadas las carreras infantiles, en Andosilla tenemos ese pequeño parón de unos 20-25 minutos antes de la prueba absoluta.
Es el momento de aprovechar el micrófono para hacer entrevistas, charlar con los corredores, gastar alguna broma y conocer un poquito mejor a quienes están a punto de ponerse el dorsal.
Son minutos que disfruto muchísimo. Además de pasármelo bien, conseguimos que la espera se haga más corta y que los participantes se vayan metiendo poco a poco en el ambiente de la carrera.
Y cuando te quieres dar cuenta, ¡ya estamos preparando la salida!
Unos 200 participantes se colocaban en la línea de salida, dispuestos a darlo todo por las calles de Andosilla.
Por delante, un recorrido totalmente urbano de 5,7 kilómetros, con salida y llegada en la calle Roncesvalles, a la altura de la plaza.
Desde allí, los corredores se dirigían hacia la carretera y cruzaban el puente sobre el río Ebro para completar una vuelta por el barrio situado al otro lado. Después, vuelta a cruzar el puente y rumbo a la zona deportiva.
El kilómetro 3 es uno de los puntos con mayor animación del recorrido. Está a apenas 100 metros de la salida, así que incluso yo aproveché para acercarme hasta allí y ver pasar a los corredores. Porque sí, de vez en cuando también toca dejar el micrófono y disfrutar de la carrera desde el otro lado.
Y si hay un lugar donde se puede ver sufrir —deportivamente hablando, claro—, ese es la cuesta que conduce hacia la iglesia.
Ahí el ritmo cae considerablemente y no son pocos los corredores que optan por subir caminando. ¡Y hacen muy bien! Lo importante es administrar las fuerzas para después volver a volar en el último kilómetro, por la carretera que une Andosilla y Peralta, camino de la meta.
En lo deportivo, Héctor Miguel Fuertes se impuso al frente de la grupeta que se había formado hasta el kilómetro 4, mientras que Virginia Quellca se llevó la victoria en la categoría femenina. ¡Enhorabuena a ambos!
Y llegamos a la meta, uno de esos lugares en los que siempre sucede algo especial.
Llegadas de todo tipo: con buena cara y con cara de haberlo dado absolutamente todo. Con sonrisas, abrazos y gestos de satisfacción. Por parejas, en grupos, con los compañeros de equipo, junto a familiares y amigos…
Cada corredor tiene su propia historia y su manera de celebrar haber completado esos 5,7 kilómetros.
Pero hay algo que me gustaría destacar especialmente: la participación de la gente de Andosilla, que cada vez se anima más a ponerse un dorsal. Y, muy especialmente, el aumento de mujeres de la localidad que se suman a la carrera y se atreven a disfrutar del atletismo popular. ¡Ainara, cómo les motivas!
Porque una carrera popular también va de eso: de conseguir que más personas se animen a practicar deporte, de compartir una mañana diferente y de demostrar que no hace falta ser un atleta profesional para disfrutar de la competición.
La carrera fue rápida, cortita y en unos 40 minutos ya teníamos a los participantes cruzando la línea de meta. Y, como manda la tradición, acto seguido llegó la entrega de premios, con trofeos personalizados y detalles en forma de vino y productos caseros gracias a los patrocinadores que colaboran con la prueba.
Un bonito reconocimiento para los protagonistas de la mañana y una buena manera de poner el broche final a la competición.
Durante toda la mañana, la plaza de San Cosme y San Damián contó con una mesa solidaria de la Asociación Española Contra el Cáncer, con diferentes productos de merchandising e información para quienes quisieran colaborar.
Una vez más, la Carrera Popular Villa de Andosilla mostró su lado más solidario, destinando parte de lo recaudado a apoyar la lucha contra el cáncer y el acompañamiento a las personas afectadas y sus familiares.
Porque el deporte también sirve para dar visibilidad a causas importantes, sumar esfuerzos y demostrar que, cuando una localidad se implica, se pueden hacer grandes cosas.
Tras la entrega de premios y la foto de familia, tocaba recoger el equipo y dejarlo todo preparado para la próxima aventura. Aunque, esta vez, mi estancia en Andosilla se alargó un poquito más.
Aproveché para echar el vermú con mi amigo Jesús Mari, uno de los grandes motores de esta carrera y de tantas otras pruebas que se celebran en Andosilla.
Quiero aprovechar estas líneas para agradecerle enormemente su confianza durante todos estos años y, sobre todo, su amistad. Porque detrás de cada evento hay muchas personas que trabajan, se implican y dedican horas y esfuerzo para que todo salga adelante. Y tener la suerte de compartir ese camino con gente así es algo que valoro muchísimo.
17 ediciones de la Carrera Popular Villa de Andosilla. Una plaza llena de deporte, cientos de participantes, solidaridad y una organización que sigue apostando por el atletismo popular.
Por mi parte, feliz de haber vuelto a poner voz a esta fiesta del deporte y de seguir formando parte de ella.
¡Gracias, Club Atlético Andosilla, gracias al Ayuntamiento y gracias a todas las personas que lo hacéis posible!
Deportistas, nos vemos en próximos eventos.
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