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martes, 27 de octubre de 2026

CRÓNICA BETAGARRI TRAIL "DESDE EL MICRO"

Solo aquellas personas que están detrás de un evento saben lo que cuesta hacer crecer una carrera. Solo ellas conocen las horas que hay que dedicar, invertir y destinar a ese sueño que un día tuviste, al que le pusiste fecha y que, con el tiempo, se convirtió en realidad. Solo ellas saben lo que significa escuchar el nombre de su carrera en cualquier lugar.

Betagarri Trail es una de esas carreras en las que, seguramente, la persona que más horas dedica a que el evento siga creciendo escucha su nombre con orgullo y recuerda todo el alma y el cariño que le pone durante el año para que salga genial.

Una auténtica pasada el crecimiento de este trail navarro por las faldas de Lókiz, que ni mucho menos ha tocado techo. Hasta aquí puedo leer. Y es que, como bien dijo Andrés en su despedida, 2027 vendrá con novedades. Si queréis ir apuntando la fecha, será el 23 de octubre. Yo ya la tengo reservada.



660 participantes. Récord absoluto de corredores en su sexta edición. Una carrera que nació en la postpandemia, en aquella etapa en la que los eventos deportivos comenzaban a recuperar su sitio después de tantas suspensiones. Y en aquella primera edición, quien escribe esta crónica ya disfrutó de sus senderos. Por eso, guardo un recuerdo especial de aquel estreno, que siempre me trae muy buenos recuerdos.

Como en ediciones anteriores, Betagarri Trail ofreció tres distancias: la Trail, de 24 kilómetros y 1.050 metros positivos; la Ikatz, de 15 kilómetros y 660 metros positivos; y, por último, la Txiki, de 8,5 kilómetros y 280 metros positivos.

Tres recorridos por las faldas de la sierra de Lokiz en los que había de todo. Partes corribles, zonas técnicas, desniveles que obligaban a trepar ligeramente, tramos para correr con flow por senderos muy utilizados por las bicicletas y subidas potentes. Todo ello, prácticamente durante toda la carrera, metido en el bosque.

Recuerdo que, hace un par de años, un señor de Ancín/Antzin me dijo que quien corría esta carrera salía con el oxígeno renovado, después de pasar tanto tiempo respirando el aire puro de los bosques de encinas. Aquel comentario se me quedó grabado.

Eran las 7:30 de la mañana del sábado 24 de octubre y la zona de meta ya estaba vestida de gala. Andrés y JaviDiKas fueron los primeros a los que vi y saludé. ¡A saber si habían dormido algo!

Después de buscar la mejor ubicación para el equipo de cronometraje y para mi equipo de megafonía, tocó hacer lo de siempre: descargar material, colocar los equipos y tirar cables de un lado a otro.

La primera salida estaba prevista para las 10:00, pero el buen ambiente que ya había durante la recogida de dorsales hizo que me arrancara con el micro prácticamente desde las 9:00. Había que dar información, sí, pero, sobre todo, había que conocer a los protagonistas que habían llegado desde hasta 20 provincias diferentes, además de algún que otro participante extranjero.

Los minutos previos se me pasaron volando. No me daba ni cuenta, especialmente porque estaba disfrutando de lo que más me gustaba hacer: poner en valor el trabajazo de todas las personas que habían hecho posible que estuviéramos allí.

Organización, voluntarios, colaboradores, familias, participantes, vecinos, equipo de cronometraje, fotógrafos, videógrafo... Absolutamente todos tenían su protagonismo en mis previas.



Tres carreras, tres salidas diferentes. En orden de distancia, de mayor a menor: a las 10:00, a las 10:15 y a las 10:30.

Si dar una salida ya era emocionante y emotivo, dar tres, ni te cuento. Las tres estuvieron muy pobladas y entre los participantes encontré rostros de todo tipo, con esos nervios, esas sonrisas y esa concentración que aparecían justo antes de enfrentarse a su objetivo.

Mientras aquellos jabatos y jabatas disfrutaban de los senderos que les habían preparado, yo me quedé en la zona de meta controlando los tiempos de paso para poder ofrecer información de lo que estaba sucediendo.

La distancia más corta podía tener a sus primeros participantes de vuelta en apenas 35 minutos, así que mucho tiempo para descansar no iba a tener. Tocaba quedarse quietico y preparado para contar y narrar todo lo que aconteció durante las siguientes dos horas y media de llegadas, desde que entró el primero hasta que cambié de ubicación para entregar los premios y realizar los sorteos.

Y es que, mientras los participantes de la Txiki empezaban a cruzar la meta, los de la Ikatz ya asomaban por el recorrido. Por tanto, había que estar pendiente de los primeros clasificados de esa distancia y, finalmente, mientras seguían entrando corredores de la prueba intermedia, aparecieron los participantes de la Trail de 24 kilómetros.

¡Looooocuuuuuraaaaa!, que dirían mis hijos.

Pero una locura de las buenas, de las que me encantaban. A todo aquello había que añadir entrevistas, animación, fotos con participantes, vídeos propios y ajenos y unas llegadas que merecían toda la energía posible. Más aún cuando algunos corredores aparecían cargados con los regalos escondidos durante el recorrido.


Porque sí, en Betagarri también había sorpresas: un chorizo en la distancia corta, un queso en la intermedia y un buen jamón en la larga. ¡Ahí es nada!

Y el jamón no era precisamente pequeño. Uno de los corredores que lo encontró tuvo que cargar con él durante nueve kilómetros, con sus correspondientes subidas y bajadas. Para rematar la historia, iba cuarto de la general y prefirió quedarse con el jamón, perdiendo bastantes puestos, antes que seguir peleando por el podio.

¡Jajajaja! ¿Tú qué habrías hecho en su lugar? Yo todavía me lo estaba pensando.

En lo deportivo, Urko Herrán y Aitana Sáinz se impusieron en la Trail de 24 kilómetros; Aitor Errarte y Ainhoa Arruti fueron los vencedores de la Ikatz de 15 kilómetros; y Yelko Pardiñas y Mireia Becerra se llevaron la victoria en la Txiki de 8,5 kilómetros.

Para la entrega de premios nos trasladamos hasta el podio, que este año se había sacado del frontón. Me pareció un gran cambio, ya que el frontón estaba preparado para la comida posterior y, en ediciones anteriores, resultaba más complicado que los premiados pasaran entre las mesas y las sillas para recoger sus galardones.

Este año, la entrega fue más ágil y cómoda. Además de los trofeos y los diferentes detalles, hubo premios económicos en las tres distancias. Otro detalle que me pareció importante destacar.

Después llegaron los sorteos de varios colaboradores, con los boletos vendidos para la ocasión. Aquello también nos dio bastante juego durante un buen rato y permitió alargar el ambiente festivo que se había vivido durante toda la mañana.

Y, por si fuera poco todo lo que habíamos disfrutado, todavía quedaba la estupenda paella. ¡Estaba deliciosa! Muchos corredores pudieron degustarla tranquilamente, bien sentadicos en el frontón, compartiendo mesa y conversación después del esfuerzo.



Yo tuve que engullir la mía en buena compañía, pero tenía prisa por llegar a casa. Me quedé con la pena de no poder disfrutar de la actuación del Gran Ritxarson, que a buen seguro pondría a todo el mundo a cantar y bailar.

Fue un día completísimo el que se pudo disfrutar en Ancín. Un día grande para el pueblo y para todas las personas que hicieron posible que 660 participantes disfrutaran de una jornada de montaña, deporte y convivencia.

Como comenté al principio, Betagarri Trail iba a seguir creciendo. Y, después de lo vivido en esta sexta edición, me quedé con la sensación de que todavía tenía mucho camino por recorrer.

Así que, si os gustan las carreras de montaña, los bosques, los senderos y las pruebas organizadas con cariño, apuntadla en vuestro calendario: el 23 de octubre de 2027 tenéis una cita en Ancín/Antzin.

Andrés, gracias por tu confianza y enhorabuena por la gran labor que realizaste. El trabajo que hay detrás de todo esto merece mucho reconocimiento.

Y a Ancín, lo mismo os digo: tenéis un auténtico carrerón.

¡Larga vida a Betagarri Trail!